Archivo | octubre, 2006

La Balanza

6 Oct

“El más útil y memos  avanzado de todos los conocimientos humanos me parece ser el del hombre”

Jean Jacques Rousseau

 

Alguna vez en el curso de filosofía, buscamos la respuesta a la eterna pregunta ¿quién soy?; y realmente ¿sabemos quiénes somos? Hemos discutido esta pregunta desde tiempos remotos. Filósofos, científicos y cualquier persona tiene la idea, sea o no razonada, de quiénes somos. Lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos está definido por nuestras experiencias. Entonces podríamos divagar en idea de que cuando nacemos, somos seres ‘puros’, limpios de cualquier concepto o experiencia de vida; al tiempo que somos moldeados bajo el seno de una familia (aunque la clonación podría cambiar este camino. Sin embargo, siempre crecemos rodeados de nuestros congéneres). Y cuando encontramos nuestra idea de felicidad, hacemos todo lo posible hasta alcanzarla. Incluso, hay quienes deliran con ella y ejecutan hazañas exorbitantes, a tal grado que podrían perjudicar la integridad de otros seres. La razón, ayuda a controlar este deseo, pudiendo alcanzar un grado de rigidez que nos impida disfrutar de nuestra felicidad. Aristóteles alguna vez citó: “La virtud es el punto medio entre dos extremos”. El problema es, nivelar ambos extremos para alcanzar el punto medio. Tomamos las dos ideas, razón y pasión y las equilibramos de manera tal que alcancemos nuestra felicidad, y también, considerar la felicidad de los demás, logrando un bien común para ti y para quienes te rodean.

El bien común: Somos seres sociales por naturaleza. Debemos cuidar esta cualidad, porque atentar contra lo natural es atentar con la existencia de uno mismo. Cuidarnos a nosotros mismos, física y mentalmente e inculcar ese cuidado a los demás, despierta el instinto de la sociedad. Agregando un desarrollo armonioso, se tienen las bases para descubrir ese sentimiento tan misterioso e imprescindible: el amor. Cabe aclarar que el axioma del amor no sólo abarca la obvia idea a la que siempre referimos; el amor es una forma de sintetizar la importancia de ser objetos sociales.

La razón: Ella es recta, formal, siempre en busca de alguna explicación lógica; descomponiendo y condensando ideas. En el caso personal, la ciencia llena este espacio adaptado a él; particularmente desarrollado en las ciencias computacionales. Practicarla me da gusto, y al momento de saber que lo hago bien, llega la satisfacción

La pasión: Concebida como la parte sensitiva que puede cambiar todo por una idea; no tiene sentido definido ni una lógica lineal a diferencia de su compañera; nos puede elevar a placeres indescriptibles, pero caóticos si no se tiene un control sobre ellos. El ser humano, tiene la cualidad de transformar sus necesidades básicas de supervivencia en un placer. Hay que aprender a disfrutarlo; y en particular, las artes forman parte de mi espacio. No cabe duda que la razón también necesita de la pasión, la cualidad del asombro impulsa a la razón buscar más allá del horizonte y explicar la pregunta más difícil de contestar ¿por qué?

La adversidad: Las condiciones que no estén a nuestro favor son retos que hay que vencer. Su naturaleza lúdica ayuda a reafirmar la vida misma; aprendemos a valorarla y a respetarla como tal, inculcando a otros su importancia y entender el por qué de nuestra existencia.

Aprendemos cada día cosas nuevas, abstraemos la esencia de un objeto y la formamos parte de nosotros. Aprende no sólo implica la institución escolar, sabemos que hay cosas que se aprenden fuera de ésta (aclarando que lo anterior no es una excusa para restarle importancia a la primera). Entonces, cada día de nuestra existencia luchamos contra las adversidades, equilibrando nuestras pasiones con razones para vivir en una armonía social. Luchar ante los problemas nos recompensa con la libertad; liberarnos del yugo de la ignorancia, la opresión, el control involuntario y demás. Ésta podría ser la razón por la cual vivimos. Vivir para hacer feliz a uno mismo y a los demás; y para ser feliz, hay que ganarse el derecho. Insiste, insiste hasta el final porque recuerda, la esperanza muere al último, y el último en morir es aquél que nos recuerda la importancia de nuestro ser.

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